Manos Extendidas parte de unas palabras tan sencillas como “Al que te pida dale” (S. Mateo 5:42) que resonaron con fuerza en el corazón de Juan José Sánchez, fundador de la Asociación.
Todo comenzó una lluviosa tarde del invierno de 1972: Juan José pasaba despreocupado delante de un mendigo que solicitaba ayuda cuando estas palabras le golpearon. Este día se abrieron las puertas del Ministerio en el que Dios quería que trabajara.
Por aquel entonces Juan José tenía un autoservicio, así que comenzó a visitar a las familias marginales para llevarles alimentos y tratar de cubrir algunas de sus necesidades primarias.
Junto con su esposa, comenzó a visitar la Prisión Provincial de Oviedo, especialmente la galería de las mujeres, que tenían a sus hijos menores con ellas.
Cuando salían de prisión continuaban su seguimiento tratando de que pudieran reinsertarse en la sociedad de una manera digna y autónoma: Les ayudaban en la economía, búsqueda de empleo, estabilidad familiar, vivienda... etc.
Con la apertura del nuevo Centro Penitenciario, se observó que muchas personas no podían disfrutar de permisos carcelarios al carecer de tutela, bien por tener una familia muy desestructurada, o bien por carecer de ella en el caso de los extranjeros. En esos momentos no existían apenas recursos para ellos e toda la provincia. Ante esta situación, abrieron su propio hogar para que alguno de los internos pasara sus permisos con ellos. Sin embargo esta medida era muy reducida, eran muy pocos los internos que podían beneficiarse de estas salidas. Juan José vio entonces la necesidad de fundar una casa de acogida pero la escasez de recursos hacía imposible este proyecto.
Cuando comenzó a compartir esta necesidad con su entorno, recibió el apoyo incondicional tanto de la pequeña Iglesia dónde es pastor, como de un buen grupo de personas que sabían lo positiva que resultaba esta labor para la sociedad. Juntos formaron una Asociación desde la cual poder canalizar sus fuerzas. Poco a poco, se fue dando forma al proyecto, hasta que, en Abril de 1995, todos los esfuerzos se vieron culminados con la apertura de una casa de acogida en Oviedo.
Esta labor ha ido desarrollándose despacio, como una forma de ayuda y bendición a toda la sociedad, en especial a los internos del Centro y sus familias.
Con los recientes cambios socio-demográficos y la consiguiente llegada de inmigrantes a nuestra región se vio, al igual que había ocurrido al principio con los presos, una carencia total de ayudas para este colectivo. Una vez más, esta pequeña Asociación hizo un esfuerzo para abrir una segunda casa, esta dedicada exclusivamente a la acogida de inmigrantes.
Con constancia y entrega, la asociación ha ido creciendo y dándose a conocer, contando con el apoyo de socios y entidades tanto públicas como privadas.
Nuestro deseo ahora es continuar desarrollando esta labor con la misma ilusión y todo vuestro apoyo.