Manos Extendidas nace de la motivación de un hombre, Juan Sánchez, para ayudar a los demás.
Juan comenzó su labor solidaria en los años 80. En un inicio visitaba algunas familias que vivían en poblados chabolistas, llevándoles alimentos y productos de primera necesidad. Así entró en contacto con personas que tenían familiares recluidos en centros penitenciarios.
Esto hizo que comenzara a visitar la prisión para llevar a los presos ayuda y palabras de aliento. Estas visitas hicieron que se diera cuenta de la necesidad que tenían algunos de estos presos de contar con un lugar que los tutelara durante sus permisos penitenciarios o los periodos de libertad condicional, de modo que pudieran rehacer su vida y reinsertarse en la sociedad.
Juan comenzó a hablar de esta idea con sus amigos y pronto hubo un buen número de personas que compartían este proyecto. Con el respaldo de la Iglesia Evangélica está idea se materializó dando lugar a la Asociación.
En Abril de 1995 se abre la primera casa de acogida para presos.
Con la aparición del nuevo fenómeno de la inmigración, la Asociación decide habilitar otro piso en el que dar cabida a inmigrantes, aunque no fueran reclusos. Recurso muy importante ya que en la ciudad no existía un centro de acogida integral (alojamiento y manutención) donde pudieran residir hasta poder integrase en la sociedad.
Como esta afluencia de inmigrantes ha sido creciente, hoy centramos nuestro trabajo principalmente en este colectivo.
Desde 1995 la Asociación ha seguido creciendo y extendiendo sus manos a un número cada vez mayor de personas.
En 2006 se inicia un proyecto de ayuda Cuba con el que, mediante el apadrinamiento de familias y niños, se pretende cubrir las necesidades básicas de la población residente de la provincia de Palma Soriano, una de las zonas más pobres de la Isla.